El Sevilla-Celta despertó las mismas sensaciones que aquel partido ante la Real Sociedad hace años
El Sevilla Fútbol Club se ha convertido en una máquina especializada en perder partidos. Tras completar la primera mitad de la temporada, acumula once derrotas de diecinueve encuentros disputados, superando ampliamente la mitad del total. La derrota ante el Celta evocó sensaciones similares a un enfrentamiento contra la Real Sociedad ocurrido hace décadas, cuando las autoridades del club cuestionaban las decisiones técnicas del entrenador.
Matías Almeyda, quien ahora dirige al equipo, fue futbolista en aquella época y participó en un mediocampo junto a otros compañeros destacados. En aquel partido histórico, el Sevilla llegó a ventaja de dos goles al inicio del debut de un delantero en la máxima categoría, pero los seguidores sevillistas intuían que el resultado desembocaría en una nueva derrota. La noche del lunes contra el Celta reprodujo sensaciones equivalentes.
Todos comprendían que la undécima derrota llegaría inevitablemente. La única incertidumbre residía en cómo se produciría. En esta ocasión, un penalti por contacto en una jugada aparentemente inocua definió el encuentro. El árbitro mostró rigidez extrema en esta decisión, aunque aplicó criterios diferentes ante otro incidente similar ocurrido minutos antes dentro del área rival.
El equipo bajo la dirección de Almeyda sufre un problema conceptual profundo en su juego. El entrenador empareja individualmente a todos sus futbolistas, lo que obliga al equipo a vivir constantemente en el filo de la navaja. Esta propuesta táctica, aunque válida en teoría, no genera ventajas ofensivas ni produce ocasiones de gol claras. El esfuerzo defensivo es descomunal pero sin recompensa atacante.
El medio centro debía recorrer distancias enormes a máxima intensidad para intentar contener al delantero rival. Estas cargas de alta intensidad resultaban ineficaces por la distancia que debía cubrirse. El Sevilla ejecutaba faltas, sacaba córners y realizaba centros desde las bandas, pero jamás generaba peligro real para el guardameta contrario.
La segunda mitad presenció cinco cambios ordenados por el técnico, incluyendo uno forzado por lesión. El equipo se replegó defensivamente pero mantuvo su inoperancia ofensiva. El portero sevillista realizó una atajada espectacular sobre la marcha para evitar un gol casi consumado. Sin embargo, ningún esfuerzo defensivo compensaría la falta de creatividad atacante que caracteriza la temporada.
El equipo pierde de formas diversas y ha adquirido cierta familiaridad con la derrota. Con solo veinte puntos tras diecinueve jornadas, el Sevilla perpetúa un ciclo de fracaso. La incapacidad para marcar goles durante tres jornadas consecutivas refleja el colapso ofensivo total. Los adversarios entienden que solo necesitan marcar una vez para asegurar los tres puntos contra un rival incapaz de responder.




